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'Todo lo hacemos en comunidad y en silencio'Hijas de Santa Brígida importante sostén de la IglesiaPOR MIGUEL VAZQUEZ Aunque sean urgentes las necesidades de un apostolado activo, las ordenes contemplativas ocupan un lugar eminente en la Iglesia. En nuestra época puede considerarse inútil la vida contemplativa del claustro al no comprender su importancia y muchas veces al minimizar su grandeza y hermosura. Las ordenes contemplativas son un importante sostén de la vida de la Iglesia que Dios mismo ha suscitado. "Nuestra fundadora, Santa Brígida de Suecia (1303-1373) recibió desde su infancia gracias especiales en forma de visiones y el don de un conocimiento extraordinario de las cosas sobrenaturales", explicó la Madre Superiora del Convento en Tecate, Angélica Guerrero González. "A la edad de diez años vio en sueños a Cristo crucificado que le decía: ¿Vez como estoy sufriendo? Ella preguntó: 'Señor, ¿Quien te ha hecho esto?'; Jesús respondió, 'Aquellos que desprecian y olvidan mi amor'. Desde aquel día la pasión de Cristo marcó en su corazón un amor tan profundo que no podía recordarlo sin derramar lágrimas, de ahí el lema de nuestra orden: Mi amor está crucificado. Santa Brígida fue modelo de esposa y madre, también fue primera dama de los reyes de Suecia y en su tiempo tuvo mucha influencia en Abades y Papas para la renovación de la Iglesia. Cristo la llamó a fundar esta orden religiosa monástica en honor de su Santísima Madre, y le dio el nombre de Orden del Santísimo Salvador, a la cual nosotras pertenecemos". Las hijas de Santa Brígida son un pequeño grupo de religiosas venidas a Tecate, B.C., en 1975 del monasterio de México D.F. Desde la fundación del convento en Tecate, las hermanas Brígidas han vivido 25 años entre nosotros, llenas de entusiasmo por cooperar con los misioneros de esta región en la ardua labor de conquistar a las almas para Dios con la oración, el trabajo, y el alegre sacrificio que impone la vida de claustro y la renuncia constante. "Nuestra vida es procurar la gloria de Dios, honrar a la Santísima Virgen, ofrecer nuestras vidas para obsequiarlas a Nuestro Señor e interceder por los pecadores", comentó la Madre Angélica. "No somos islas. Somos parte de nuestro mundo, de nuestra Iglesia y desempeñamos una función en provecho de todo el cuerpo. El carisma de la orden es la contemplación e imitación de Nuestro Señor en el calvario. Todo en unión con la Santísima Virgen, viviendo como ella en el amor, la pobreza, humildad, y obediencia, en servicio a la Iglesia y su vicario el Papa, así como el apostolado por la unidad de la Iglesia, el retorno de los hermanos separados. Nuestro vestuario, el cual la misma Santísima Virgen mostró a nuestra fundadora en apariciones, es el recuerdo santo de los sufrimientos de Nuestro Señor". "El fin o ideal de una monja Brígida es darse a Dios y a las almas", agregó. "Generosa, llena de amor y alegría en el retiro y silencio del claustro. Anhelando ser vista sólo por Dios y ahí escondida ejercer su apostolado de salvar almas por medio de la oración y sacrificio. Arrancar las gracias a Jesús para las almas necesitadas, de manera que así se pueda saciar la sed que Jesús tiene de que todos los hombres se salven". En la vida del convento no sólo se reza y trabaja, sino también se canta, se juega y se estudia. "Nos levantamos a las 4:45 a.m.", dijo. "A las 5:30 ya estamos en la capilla para las oraciones de la mañana, el canto es una parte esencial de la liturgia. El desayuno es a las 7:30, después trabajamos en cosas como el aseo y otros quehaceres: lavar, atender la puerta, ir al huerto, etc. Hacemos también costuras, curtimos aceitunas, hacemos ates y mermeladas para confeccionar nuestras propias empanadas de membrillo, de manzana, durazno y chabacano. En las cosas sencillas, es donde descubrimos la voluntad de Dios. A medio día hacemos nuestro examen de conciencia, rezamos otros cinco misterios del rosario. "A las 12:30 comemos. Después de la comida un tiempo de recreo donde cada una hace lo que desee. Debemos hacer deporte por salud, ¡antes yo era muy buena para brincar la cuerda!", dijo sonriente la Madre Angélica. "A las tres de la tarde continuamos con nuestras oraciones. Los trabajos de la tarde son menos intensos pues dedicamos tiempo al estudio. A las 6 p.m., volvemos a la capilla a rezar y cantar, luego al comedor a cenar, y finalmente de nuevo a rezar antes de irnos a dormir como a las 9:30. Todo lo hacemos en comunidad y en silencio. "Los domingos y días de fiesta si platicamos y nos reunimos para jugar algún juego o ver alguna película bonita. Una vez a la semana hacemos las galletas y el rompope, que es de lo que nos sostenemos. Tenemos muy pocos bienhechores, nosotras nunca les pedimos, son voluntarios, vivimos de nuestro trabajo. Nos den o no nos den, nosotros somos responsables de mantenernos", aseguró la hermana. Santa Brígida fue madre de ocho hijos y es protectora de la maternidad. Muchas parejas que no pueden tener hijos y mujeres que padecen de embarazos de alto riesgo acuden con las hermanas brígidas, pues es ampliamente conocido que gracias a la intercesión de esta santa y la oración de las hermanas, las parejas han podido concebir y traer al mundo niños saludables. "Hace poco vino una pareja a exponernos su caso", dijo la Madre Angélica. "Según todos los estudios su hijito venía muy mal y los doctores les aconsejaban abortar. Ellos vinieron aquí llorando, desesperados y les dije: 'Si ustedes no han hecho nada para que su hijito venga así, no se sientan culpables; un hijo es un tesoro que Dios confía a los padres, enfermito o sano tiene el mismo valor y el mismo derecho a vivir, nadie tiene derecho sobre una vida. Solamente Dios. Solo el que la da la puede quitar'. Estuvieron aquí un rato, llorando, más o menos convenciéndose y les dije: 'Estamos en Julio, el mes de Santa Brígida, estamos haciendo la novena y vamos a pedir por ustedes, yo sé que para Dios no hay imposibles. Ustedes tengan fe y en lugar de estarse preocupando mejor prepárense espiritualmente y moralmente a recibir a ese hijo como Dios les mande, con la misma alegría con la que recibirían a un hijo completamente sano.' Se fueron más tranquilos y dos meses después nos avisaron que milagrosamente los últimos estudios indicaban que el niño venia completamente sano y normal. Cuando el niño nació, lo primero que hicieron fue venir al convento a darle gracias a Dios". "Una pariente de la Hermana Esperanza que tenía algunos años sin poder tener hijos, hizo la novena y se amarró el cordón bendito en la cintura, después de muchos años, cuando estaba esperando a su octavo hijo, nos mandó decir: ¡Díganle a Santa Brígida que ya le pare!", prosiguió. "Dios es misericordioso, nuestra tarea es acercar a las personas a Él. Aveces Dios permite que veamos las gracias que derrama sobre estas personas para darnos ánimo a perseverar en nuestra vida de oración. Siempre vamos a darle gracias a Dios por tantas bendiciones que hemos vivido y la oportunidad de colaborar con Él en su plan de salvación, como en el caso de un vecino nuestro que era masón y las hermanas lo estuvieron trabajando por muchos años. Al final, en los últimos momentos de su vida, pidió un sacerdote para confesarse y murió en paz", concluyó la Madre Angélica. El convento de las Hermanas Brígidas se encuentra en el Km. 12 de la carretera de Tecate a Ensenada. Los Domingos se puede visitarlas.
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