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AGOSTO 1999




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Movimiento Pandillas de la Amistad

Se sanan heridas en las almas de los niños

POR IVAN BARRERA

"'Tío, ¿tengo yo la culpa de que mi papá y mi mamá se divorciaran?' es la pregunta que con frecuencia hacen con lágrimas en los ojos niños y niñas entre los 9 y 11 años de edad durante el retiro de Pandillas de la Amistad ", afirman José Ramón e Isabel Sosa, ex-delegados del Movimiento Pandillas de la Amistad en la ciudad de Tijuana. "Durante el retiro los niños y niñas nos dicen tíos a los adultos que participamos en él", comenta José Ramón, "pero los charlistas y líderes son niños y niñas que ya han participado de éste ma-ravilloso retiro. En la mayoría de los casos, para éstos niños, el retiro es un fuerte y emocionante encuentro amoroso con sus padres. Durante los retiros se sanan muchas heridas en las almas de los niños".

Este movimiento fué fundado hace 26 años, en Febrero de 1973, por el Padre Antonio Zamora Pérez en la ciudad de Toluca, Estado de México. "Se tomó el nombre de 'pandillas' por aquel programa de televisión 'Little Rascals' los cuales eran unos niños muy unidos que ayudaban a todos y se denonimó 'de la Amistad ' porque el movimiento nació en el mes de Febrero, el mes del amor y la amistad.

José Ramón afirma que en la mayoría de los casos, al finalizar el retiro, el encuentro de perdón y amor que fluye de los hijos hacia los padres y viceversa es muy conmovedor. "Solamente en una ocasión, al finalizar el retiro, el padre de uno de los niños humilló al pequeño enfrente de todos los presentes gritándole que le habíamos metido tonterías en la cabeza. Fué un momento muy doloroso y vergonzoso para todos. Era un papá golpeador. Pero seguimos en contacto con el niño, animándolo, consolándolo y afirmándole que fuera paciente con su padre. El niño mostró gran amor, perdón, carácter y perseverancia hacia su papá. Hoy, ése niño, estudia para sacerdote en un seminario. Es algo hermoso", recordó.

Isabel afirma que es muy necesario atender las necesidades emocionales y espirituales de los niños y niñas a ésa edad "ya que es una época difícil para ellos porque pasan de ser niños a jóvenes, pasan de la niñez a la pubertad y todos esos cambios físicos, hormonales y emocionales afectan su comportamiento en familia, ya sea como hijos o como futuras esposas y padres de familia".

José Ramón e Isabel expresan que ellos provienen de familias desintegradas y que durante su infancia sufrieron la falta de atención y cariño de sus padres. "Por ésta razón", manifestó José Ramón, "comprendemos perfectamente los sentimientos y pensamientos de algunos de los niños y niñas que están pasando por la misma situación por la cual nosotros pasamos. Gracias a Jesús, mi esposa y yo, hemos sanado nuestro interior y hoy deseamos trabajar para fomentar la unidad, comunicación y amor entre los niños y sus padres".

Isabel expresa que existe un tipo de desintegración familiar que está muy de moda: la indiferencia, la falta de comunicación. "No hay convivencia, no hay diá-logo, no hay manifestaciones de afecto", asegura Isabel. "Las razones pueden ser muy variadas, ya sea que porque el papá trabaja hasta muy tarde, o bien porque mamá se 'enfrasca' demasiado con las labores de la casa que no le presta la atención suficiente a sus hijos, etc. etc. Nosotros como adultos en muchas ocasiones nos enfocamos en muchas cosas y descuidamos a nuestros hijos".

La experiencia que José Ramón e Isabel han obtenido al participar en éste apostolado es evidente: "Una de las cosas que hemos observado que acrecenta el resentimiento de los hijos hacia los papás es que los ponen a cuidar a sus hermanitos menores. Por ejemplo, algunos padres de familia 'delegan' su responsabilidad a sus hijos mayores ordenándoles que ellos ayuden a sus hermanos menores dándoles de comer, bañándolos, cambiándolos, ayudándoles con su tarea, etc. Están haciendo que esos niños sean un papá o una mamá. No es su papel. Les delegan toda la carga como si fueran adultos. Son niños cuidando a otros niños. Son 'vaquetonadas' del papá y de la mamá. ¡Esas responsabilidades son de los padres de familia, no de los hijos mayores!", afirma José Ramón.

La razón principal por la cual José Ramón e Isabel están involucrados en éste apostolado es por sus hijos. "Buscábamos participar en algún apostolado que participaran nuestros hijos. Deseábamos que todos nos involucráramos como familia", recuerda José Ramón. "Una labor en la cual pudiéramos participar con nuestros hijos, que nos uniera como familia".

Isabel indica que, "Uno de los problemas que hemos observado es que los padres de familia le exigen a sus hijos muchas cosas. Les preguntamos a los niños y niñas cuándo fué la última vez que se confesaron y nos indican que hace dos o tres meses. También les preguntamos la razón por la cual no frecuentan la iglesia. Les preguntamos la razón por la cual no buscan a Dios. Los niños expresan diversos motivos, pero en realidad son excusas. Por ejemplo, dicen que no tienen tiempo, dicen que papá está fuera de la ciudad, dicen que pasan el fin de semana en Estados Unidos, etc., y que por lo tanto no hay tiempo para Dios. La labor que hacemos en Pandillas de la Amistad se complica porque hemos notado que los mismos padres de fami-lia, no ponen de su parte, no fomentan el conocimiento de Dios en sus hijos".

José Ramón indica que expone a las niñas y niños el siguiente ejemplo: "Cuando muere una persona, todos corremos por el sacerdote para que le 'heche' agua bendita y diga una Misa por el muertito. ¿Por qué esperamos estar muertos para que venga el sacerdote?, ¿Por qué no buscamos en vida al sacerdote? ¡No nos debe dar miedo asistir a la iglesia!", exclama José Ramón.

Isabel indica que la mayoría de los niños tienen un concepto erróneo de Dios. Tienen la idea de que Dios es un castigador. Los niños creen que Dios los vigila buscando que cometan el menor error para castigarlos. "Nosotros como padres de familia hemos contribuído a ese temor de los niños hacia Dios porque les decimos que si no hacen tal o cual cosa Dios los castigará", comenta Isabel. "Durante los retiros tratábamos de que los niños comprendieran y sientieran en su corazón que Jesucristo, Dios-Hombre, es su amigo y que los ama profundamente".

La idea principal para la fundación de éste movimiento fué la preocupación del Padre Zamora por continuar la evangelización y atención pastoral de los niños una vez que reciben la Primera Comunión. "En la mayoría de los casos, a los niños entre los 9 y 12 años, no se les continúa con la instrucción religiosa después de recibir la Primera Comunión. Algunos, no todos, regresan a la iglesia hasta los 14 o 17 años para ingresar a algún grupo de jóvenes, pero en el período de tiempo que transcurre desde la Primera Comunión hasta la juventud, nadie se preocupa por ellos. Algunos jamás vuelven a la iglesia", afirma José Ramón.

El Padre Zamora dijo en una ocasión, "Yo quiero guiar a ésos niños para que no se alejen del Señor". Isabel indica que el noventa por ciento de los niños no pertenecen a ningún grupo porque no existe. Pero ahora,el Movimiento Pandillas de Amistad se encuentra extendido a nivel nacional: Baja California, Veracruz, Puebla, Estado de México, Hidalgo, Tlaxcala, Guerrero, etc.

El movimiento se encuentra establecido en 25 Diócesis a nivel nacional, incluyendo Tijuana. Son 40 delegaciones en total. La aprobación eclesiástica para iniciar Pandillas fué otorgada por el señor Arzobispo de Jalapa, Monseñor Sergio Obeso. "Es el pandillista más ferviente", afirma Isabel.

Para poder abrir una delegación es necesaria la aprobación del obispo del lugar. "En Tijuana, Monseñor Romo ha dado su aprobación. Para poder otorgar el permiso para una nueva delegación esa diócesis debe solicitar al se-cretariado nacional que venga alguna pareja para establecer el sistema. Para eso el Señor Obispo de cada lugar debe enviar por escrito la petición a la presidencia nacional en Jalapa, Veracruz".

Algunos de los requisitos para que una pareja pueda dirigir Pandillas de la Amistad son, entre otros: Estar casada por la Iglesia, tener hijos en edad de pubertad, tener cinco años de casados como mínimo, contar con un sacerdote asesor espiritual, aprobación del Obispo de la Diócesis.

"Mientras los niños participen en un movimiento donde Cristo sea el centro de su vida, serán mejores hombres y mujeres", concluye José Ramón.