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ABRIL 1999




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Entrevista con Christine Vollmer

Una de las dirigentes pro-familia más importantes e influyentes del mundo

POR ALEJANDRO BERMUDEZ Corresponsal, América del Sur

Christine de Marcelus de Vollmer, como fundadora de PROVIVE en Venezuela, de Alianza para la Familia (ALAFA) en América Latina y del "Proyeto Leopoldo", es una de las dirigentes pro-familia más importantes e influyentes del mundo. Francesa de nacimiento y venezolana por adopción, Christine conversó en Roma -- su actual "centro de operaciones" -- con La Cruz.

¿En qué consiste tu actual compromiso pro-vida y pro-familia?

El compromiso pro-vida y pro-familia me apasiona porque es una forma concreta para devolver a Dios algo de lo que ha dado a la humanidad. Mi compromiso ha evolucionado de un trabajo netamente pro-vida y anti-aborto como era al principio, en 1981, a una cosa mucho más amplia porque para ser pro-vida hay que ser primero y por encima de todo pro-familia. Las dos cosas están tan íntimamente entretejidas que creo es un error tratar de ser pro-vida sin ser pro-familia.

Mi trabajo tiene tres vertientes: una es el de la información, recoger hechos científicos, demográficos, políticos y de opinión pública que demuestren la consistencia de la causa pro-familia. Otra, es el área de la educación para la familia, especialmente de los niños más pequeños, durante los seis primeros años de vida. La tercera vertiente es el apoyo a los niños nacidos con limitaciones para hacer respetar su dignidad. Entonces son ésos tres campos: información, educación y rehabilitación.

¿Cómo comenzó todo?

Desde pequeña. Mi padre, que era francés y combatió en la primera guerra mundial, era un hombre sumamente ente-rado y un lector voraz. Él se dio cuenta antes de que iniciara la primera guerra mundial de las tendencias anti-natalistas que estaban desarrollándose. Él era un hombre de corazón amplísimo, un hombre que adoraba a los niños, que conocía la muerte de cerca porque su única hermana murió pequeña, su padre murió cuando él tenía 19 años, y después vio la carnicería de la guerra. A partir de ésta experiencia, él se convirtió en un ejército de una sola persona luchando contra esas tendencias. En 1922 años se casó con mi madre que tenía 18 años, era inglesa, protestante y una persona muy tierna con los niños, que luego se convertiría en la segunda parte de ese ejército. Los dos eran grandes convencidos, mi madre con razones filosóficas y religiosas, mi padre con un razonamiento lógico y demográfico. Ambos daban conferencias en Francia e Inglaterra durante toda la época de la locura antinatalista de los años 20. Además, mi madre colaboraba mucho durante sus estadías en Inglaterra, con un obispo anglicano que estaba tratando de impedir que la Iglesia Anglicana aprobara la anticoncepción.

Luego, nosotros éramos siete hermanos y vivíamos gran parte del tiempo en Estados Unidos, donde ser siete parecía una cosa rarísima, una locura. Allí ya tenía yo que batallar a favor de la familia, porque yo era la sexta. Pero mi trabajo a tiempo completo empezó en 1981, cuando la federación médica venezolana trató de llevar una ley en favor del aborto en Venezuela y tuvimos que organizarnos para respaldar a los obispos venezolanos. Gracias a Dios logramos impedirlo y hasta ahora el aborto no ha sido aprobado en Venezuela.

Eres madre de una extensa familia ¿cómo has combinado ambos compromisos?

¡Ah, facilísimo! Creo que es un sólo compromiso, pero la forma de hacerlo era primero tener los hijos y formarlos. Durante la niñez de mis hijos leía, apoyaba a los distintos grupos, me mantenía informada y, luego, cuando, mis hijos ya estaban todos en el colegio y yo estaba un poco más disponible, fuí dando ese tiempo libre a la causa. A la medida que fuí teniendo más tiempo, llegué a dedicarme a tiempo completo, aunque mis hijos -- y ahora mis nietos -- saben que ellos siempre serán primero.

Háblanos de tu hijo menor y de la herencia que dejó.

Se llamaba Leopoldo y fue un don y un signo muy personal de Dios. Yo pensaba que tener un hijo "minusválido" como le llaman, sería una tragedia tan grande que no podría sobrellevar. Hice todo lo posible por evitar que esto me pudiera suceder: me cuidé muchísimo de cualquier cosa que pudiera contaminar un embarazo. Y el hecho que Leopoldo haya nacido como nació: tan terriblemente vulnerado, sordo y ciego y sin saber ni siquiera amamantar. No cerraba las manos. Era un niño totalmente indefenso en todo sentido. Era Dios que me estaba diciendo: a ti te falta una tuerca muy importante que te la vamos a poner. Porque obviamente a mi me cayó como la tragedia más espantosa. Pasé 15 días que no paraba de llorar, pero al mismo tiempo, lo quería muchísimo.

Era un bebé bello, era mi bebé. En ese momento se fue formando dentro de mí la conciencia de la dignidad de éstos niños. Por mi desesperación, buscamos todas las fórmulas para mejorarlo, pero al año de no mejorar por medios convencionales, resolvimos probar un programa en Filadelfia de estimulación y rehabilitación que exigía la actuación de los padres de entre 10 y 12 horas al día. A los 15 días Leopoldo empezó a oír y comenzó a crecer una pulgada al mes durante los primeros 7 meses. A los 2 años, Leopoldo empezó a ver, empezando con un reflejo de pupila, luego siguiendo objetos. Era impresionante entender que nuestro niño, como todos, crecía, aprendía a ver y oír como parte del Plan de Dios del amor de una familia.

Todo ésto fue un descubrimiento tan profundo, que decidimos seguir en eso. Después que murió Leopoldo a los 14 años, llevamos ésta metodología a Venezuela para enseñarla a familias de pocos recursos limitados y hemos visto los mismos milagros que vienen de lo mismo: lo que está escrito por Dios en esos niños minusválidos y cómo es desarrollado por el amor.

¿En qué consiste el programa "Leopoldo"?

Es un programa revolucionario, adaptado del que aprendimos en Filadelfia, que creo va a desplazar aquella terapia clásica que solo ataca los síntomas. Esta terapia consiste en la estimulación del cerebro mismo, a través de los sentidos. Nuestro programa consiste en enseñar a las madres de niños con daño cerebral. Ahora estamos creciendo y también entrenando a los que cuidan en lugares donde hay niños: las casas cunas, lo que llaman preescolar, guarderías, etc. Les enseñamos un conjunto de ejercicios, esti-mulación para ayudar a que esos cerebros se desarrollen lo mejor posible. También enseñamos a detectar tempranamente cuáles de estos niños tienen algún retardo, porque cada vez hay más casos de retardo mínimo y el retardo mínimo es más cruel que un daño profundo como tuvo mi hijo, porque el retardo mínimo frena, acompleja, y causa toda clase de problemas psicológicos y emocionales por el tratamiento que reciben y por la falta de poder actuar como los demás. A estos retardos leves les damos un tratamiento rápido, porque si se trata rápidamente el retardo desaparece en cuestión de meses.

Tenemos una experiencia muy interesante en una de las maternidades más importantes de Venezuela, la clínica Santa Ana, donde vemos cada niño que nace y seguimos los casos que se consideran de alto riesgo -- con alguna flacidez u otro síntoma -- los ponemos inmediatamente en un tratamiento con su madre y se normalizan o mejoran sustancialmente muy rápido.

¿Qué aprendiste en la vida familiar que pudiste trasladar a tu lucha por la vida?

Ante todo aprendí esta lección tan grande con mi hijo Leopoldo sobre el valor de cada ser humano por sí mismo, porque el tipo de hijo que en el fondo yo despreciaba tanto y que no quería que naciera en mi familia, me enseñó que era importantísimo que, para luchar por la familia y por la vida, uno no tuviera 'un esqueleto en un closet'. El amor a la vida debe ser el amor auténtico a toda persona humana en su intrínseco valor. Además de la importantísima lección de la dignidad de toda persona humana que he relatado, en la vida familiar me fuí dando cuenta de la importancia de la armonía familiar y la complementaridad padre-madre y cómo eso influye en el desarrollo armónico de los hijos. Fuí entendiendo la importancia de la entrega sin reservas, no solamente de los padres entre sí, de los padres a los hijos, sino de los padres a la voluntad de Dios.

¿Cuáles son los desafíos para la familia hoy?

El mantener la unidad e identidad de cada núcleo familiar. Ese sano orgullo de que somos la familia García y tenemos una abuela, un tío sordo y demás. Para ello es fundamental que la vida familiar y el compartir familiar se aliente, que la familia genere su propias fiestas y tradiciones para que los hijos puedan sentirse parte de un grupo permanente que siempre estará allí. Los "peer groups" han reemplazado mucho a la familia, alentando la uniformidad y el anonimato. Muchas veces los jóvenes en estos grupos creen que el vestirse mal o el colocarse aretes en el cuerpo es una forma de revelarse y distinguirse, pero en realidad lo que hacen es confundirse y masificarse en el grupo. En la familia, por el contrario, cada uno tiene su propia personalidad e identidad. Sólo cuando la familia es como un castillo que protege, donde cada uno se siente orgulloso de lo que es resguardado, los miembros de la familia pueden salir a ayudar a los demás.

También he aprendido con mis estudios del desarrollo del cerebro, lo importante de los clásicos juegos, como metras, yoyo, saltar a la cuerda, etc. Es importante que regrese este tipo de aprendizaje de coordinación que ha sido desplazado por la pantalla de TV.

Otro desafío obviamente es el problema económico, porque la familia ya no es importante para los gobiernos. En casi todas las épocas de la historia la familia era lo que el gobierno tenía que proteger, pero hoy en día no. Hoy protege a ciertos intereses o minorías pero no a la familia, y el sistema económico ha ido deformándose para castigar más a los padres jóvenes que están tratando de levantar a sus hijos, tan es así que las madres están obligadas muchas veces a salir a trabajar en vez de estar con sus hijos. El desafío grande en nuestro tiempo es insistir a nuestros gobiernos en que los padres de familia son los que están haciendo el trabajo más importante por la patria.

¿Será posible educar una familia en el tercer milenio? ¿Cuáles deberían ser los principales elementos a tener en cuenta?

Bueno, obviamente siempre será posible educar una familia aunque fuese en la luna, siempre y cuando haya un papá, una mamá y unos hijos que educar. El principal elemento va a ser siempre que los padres tengan una entrega y un compromiso inquebrantable entre sí, hacia sus hijos y hacia Dios. Si ese trío se puede mantener, la familia siempre producirá individuos felices, bien educados.

¿Cómo educar adolescentes en este mundo tan complejo?

Para educar adolescentes lo que hay que hacer es educar bien a los niños antes de que lleguen a adolescentes. Yo soy una persona que gozo muchísimo a los adolescentes porque si un niño ha sido amado, guiado, estimulado, ese niño cuando sea adolescente podrá tener muchas ocurrencias y ansias de independizarse, pero será un muchacho, una muchacha tan sólida y tan amorosa que no estará en peligro a pesar de sus ansias de independencia. Por lo demás, es totalmente natural y sería lamentable si no fuese así, que los adolescentes quieran salirse de su cáscara protectora y conocer el mundo porque eso está inscrito en el ser humano.Creo que no es cuestión de educar a los adolescentes sino educar a los niños y los adolescentes se desarrollan estupendamente si uno les concede el ámbito de seguridad y si tienen en su entorno el am-biente adecuado para retar todas sus cualidades.