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"El primer enfermo que llegó se llamaba Jesús"

La familia de Paco en Mexicali ofrece servicios a enfermos con carencias

POR MIGUEL VAZQUEZ

Fue hace cinco años cuando al Dr. José Villa Marroquín, de Mexicali, le causó una gran impresión un par de artículos en un periódico donde se narraba la historia de un joven abandonado que padecía de SIDA, y otra de un anciano enfermo abandonado bajo un árbol. Junto con su esposa meditaba la razón por la cual los médicos cuentan con los medios para asistir a enfermos y sin embargo lo único que hacen es comerciar con la salud. Fue a partir de ese momento que decidió hacer algo al respecto. "¿ Por qué nosotros nunca les cobramos a los familiares de los médicos, pero a la gente que lo necesita, nadie les da la mano?", se preguntaba el doctor Villa. Así fue como nació la Familia de Paco en la Ciudad de Mexicali.

"Por esas mismas fechas, asistí a un cursillo y conocí a Angelita y a su esposo y los invité a participar en Familia de Paco. Después invitamos a otra pareja de cursillistas", recuerda Marisela de Villa, esposa del Dr. José Villa. "Somos tres parejas las que movemos todo aquí. Al iniciar el proyecto, acondicionamos una casa, pero los vecinos nos cerraron las puertas. No nos dejaron entrar a esa colonia por miedo a las infecciones. El Padre Marcelino nos puso en contacto con la dueña de esta cuartería que estaba en completo abandono. Después de acondicionarla, Monseñor Ulises Macías, Obispo de Mexicali en aquella época, vino a bendecirla el 15 de Enero de 1995. A partir de entonces empezamos a recibir enfermos. El primer enfermo que llegó se llamaba Jesús".

La Casa de Paco toma su nombre de San Francisco de Asís que cuidaba a los leprosos, a los rechazados por la comunidad. "Es lo mismo que aquí estamos haciendo", afirma la Señora Villa. "Mucha gente piensa que mi esposo se llama Paco, pero el nombre lo tomamos de San Francisco", comenta sonriendo.

Casa de Paco ofrece sus servicios a enfermos con carencias muy particulares: 1o. Enfermos con recursos económicos muy bajos; 2o. Enfermos que no tengan familia que se hagan cargo de ellos o los abandonen; y 3o. Enfermos que padezcan una enfermedad incurable.

"Al inicio pensábamos recibir sólo enfermos incurables en fase terminal. Pero ahora también tenemos enfermos que dependen de nosotros. Son personas que si las abandonamos se mueren. Pero con nuestra ayuda, pueden durar más años que nosotros, y aquí están", agregó con humor la Sra. Villa. "Recibimos a personas con SIDA o cáncer en su etapa final. La lista es interminable. Hemos recibido (a enfermos) en condiciones deprimentes, algunos de ellos, llenos de gusanos. Mi esposo los diagnostica, y él es el que decide quien entra aquí. Hemos asistido a enfermos que solamente se les cambia de ropa, se les da una sábana limpia y un cuarto. Le hablamos al sacerdote y al día siguiente mueren. Los primeros enfermos que murieron aquí, los enterrábamos nosotros. El Padre Marcelino les daba la bendición en el cementerio, y después se quitaba la sotana, y junto con las tres parejas, echábamos pala".

"Me acuerdo de un muchacho, Carlos, que tenía SIDA", recuerda la Sra. Villa. "Cuando lo sepultamos nos dimos cuenta que no llevábamos flores. Es algo muy triste, sin embargo, es una experiencia tan satisfactoria a la vez. Que uno dice: 'Vale la pena lo que hago'. Cuando terminan aquí, siento que cumplimos con lo que estamos haciendo. Es como si tienes a tu hijo y lo ves como todo un profesionista ya recibido".

La Señora Villa comenta que lo hermoso de esa 'graduación' es que algunas personas que buscan asistencia en Casa de Paco en ocasiones ingresan en peores condiciones que un animal -- en completo abandono. Después de ser asistidos por ellos fallecen con una dignidad de hijos de Dios. "Recuerdo a uno que vivía en un rancho y siempre había dormido a la intemperie", recuerda la Señora Angelita, encargada de la operación de la casa. "Cuando murió aquí, sus conocidos comentaron que nunca antes había tenido una cama, ni un abanico".

Angelita comenta que han recibido aproximadamente 200 personas y que muchas mueren inmediatamente, mientras que otras tardan años. El cupo actual es de 15 personas y siempre está lleno. El esposo de Angelita realiza un estudio previo al ingreso de alguna persona y afirma que siempre se le otorga prioridad a quien no tiene a nadie.

"Desde el primer día, el anterior Obispo de Mexicali, Monseñor Ulises Macías, tuvo a bien dejarnos al Señor en el Sagrario", afirma la Sra. Villa. "Si no fuera por El, no aguantaríamos. Es desgastante. Si no fuera por el amor que uno le tiene al Señor y a las personas.... Cuando vas a sus casas y los ves, ya no puedes darte la vuelta y dejarlos ahí, si vieran como llegan estas personas, como perritos aporreados en la calle -- encogidos, agresivos, desconfiados de la gente. Pero poco a poco se dan cuenta que nadie les va hacer daño, que nadie quiere aprovecharse de ellos, y lentamente se nota el cambio".

"Nosotros no les hablamos de Dios", continúa la Señora Villa. "Solamente les decimos, 'Mira esta es la Casa de Paco. Esta es tu casa, es tu hogar a partir de hoy'. Al pasar los días se dan cuenta de que Dios existe y experimentan una conversión. Con el tiempo se acepta el sufrimiento, el dolor. Se acepta a Dios. En cada cuarto pusimos una cruz sin el Cristo. Nosotros les decimos, 'Pónganse en esa cruz. El que está en la cama es el Cristo de la cruz',".

La Sra. Villa comenta que recientemente internaron a un señor en fase terminal que sufría una profunda ansiedad porque no quería morir. Se sentía muy desesperado y deseaba regresar a donde vivía. Al atenderlo y cuidarlo con cariño y dignidad, comentó que nunca en su vida había comido tan bien y que nadie lo había atendido de esa manera. Posteriormente aceptó su situación, se confesó y comulgó. Sus últimos días los vivió en paz y murió con mucha tranquilidad. "También llegan muchos de otras religiones, pero cuando están aquí, regresan o se convierten al catolicismo", afirma la Sra. Villa. "Todos reciben diariamente la comunión en su habitación".

Angelita comenta que el artículo que se consume con mayor frecuencia es el pañal. "El pañal es caro. En ocasiones me quedaba sólo un paquete, y pienso: '¿mañana que voy a hacer?'. Pero el Señor escucha nuestras oraciones y al día siguiente antes de que yo llegue, ya han traído pañales. En una ocasión tenía un paquetito de carne para hacer comida y pensé en mandar comprar más. Miré hacia la capilla y dije: 'mejor voy a esperar'. Al ratito me llegó más carne".

"Así es el Señor", comentó alegremente Angelita.

La Señora Marisela de Villa reitera que la obra es de Dios y no de ellos. Recuerda que algunos meses atrás, el nuevo Obispo Mexicalense, Mons. José Isidro Guerrero, los mandó llamar y se notó muy interesado en apoyar a Casa de Paco. "Pasado algún tiempo después nos llamaron de Catedral para informarnos que el Sr. Obispo nos donaba un carro", recuerda la Sra Villa. "Resulta que cada año la parroquia de Santa María de Gracia rifa un carro nuevo. Quedaba el último boleto y se lo dieron al Sr. Obispo porque no traía dinero. Se sacó el carro y nos lo regaló. Nosotros rifamos el carro nuevamente y guardamos ese dinero para la construcción de la nueva Casa de Paco".

"La Familia de Paco vive a base de milagros y eventos para recabar fondos", declaró la Sra. Villa. "Hacemos desayunos dominicales, rifas, y otras cosas. Tenemos muy pocos benefactores. Es difícil que nos estén sosteniendo".

En Enero de este año el Gobierno del Estado donó un terreno a Casa de Paco. "Ya tenemos el proyecto arquitectónico", continúa la Sra. Villa. "Va a quedar precioso. El costo de la obra está calculado alrededor de 400 mil dólares. Está diseñado para recibir 30 enfermos en fase terminal y 30 para asilo. La idea es que ellos tengan su casa propia. Todos nosotros somos los padres de los que llegan aquí. Sentimos la responsabilidad de que ellos deben de tener su casa."

Si desea contribuir de alguna manera a este apostolado puede escribir o visitar a Familia de Paco en Avenida Colima 1250, Colonia Pueblo Nuevo, C.P. 21120, Mexicali, Baja California. Tel.(65) 52-82-43 o bien envíe su donativo en USA a 1101 Ollie Ave., P.O. Box 3409, Calexico, CA. 92232-1446.