La Cruz de California

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DICIEMBRE 1997




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Cara a cara con la prostitución en Tijuana

Hermanas Eudistas ayudan a mujeres atrapadas en una vida infernal

POR IVAN BARRERA

Juanita es una muchacha de 18 años de edad venida del estado de Michoacán. José Carlos, la conoció en el sur de México invitándola a vivir a Tijuana. Enamorada y engañada ella aceptó. Al poco tiempo de llegar a ésta ciudad, conoció las verdaderas intenciones de éste hombre: "Juanita, ponte ésta minifalda, arréglate bonita y prepárate para salir con mi amigo".

Al llegar a la cita con el 'amigo', José Carlos la presentó y le ordenó: "Pórtate bien con él y haz lo que te pida". Al percatarse de que su amado la quería forzar a tener relaciones sexuales con su 'amigo', ella se negó.

Lo que siguió fue una tormenta de golpes y maldiciones durante casi una hora, hasta que los vecinos intervinieron, salvándole la vida.

Completamente desamparada y sola, los vecinos la llevaron al único lugar donde le podrían ayudar, a la Casa Eudes, "Una Luz de Esperanza", donde física y emocionalmente desecha, Juanita permaneció acostada durante tres días sin probar alimento alguno.

Las religiosas de éste centro le propusieron dos opciones, mantenerla escondida ó conseguir dinero para regresarla a sus padres en Michoacán. Ella optó por la segunda. Con mucho esfuerzo las hermanas Eudistas consiguieron el dinero necesario para regresarla a su lugar de origen.

Lorena, y sus tres hijos, eran terriblemente golpeados y maltratados por su esposo y padre; temiendo por su vida y la de sus hijos, decidió huir. Al no saber leer ni escribir, conseguir trabajo fue imposible. La situación económica empeoró y se vió orillada a prostituirse para sostener a su familia.

Estas son solamente dos de cientos de historias que se dan a diario en las calles de la 'Zona Norte', la parte más antigua de Tijuana. Llena de bares, cantinas y hoteles insalubres, la Zona Norte siempre se ha caracterizado por la explotación sexual de mujeres y niños.

La Madre María Esther Castro, de Casa Eudes, decidió iniciar el rescate y rehabilitación de éstas pobres mujeres desamparadas. "Todo inició en 1989 cuando tomé un taxi hacia la Zona Norte decidida a ofrecerles amor a éstas mujeres heridas en su dignidad", comenta la Madre Esther. "Estaba parada en una esquina sin saber qué hacer, en ese momento una muchacha de aproximadamente 21 años cruzaba la calle, la saludé y se me quedó viendo y me dijo: 'Quiere un poco de mi refresco madre?' Le contesté que sí y comenzamos a charlar, tratando de transmitirle todo el amor posible. Me invitó a su cuarto y acepté, aunque un poco nerviosa.

El cuartito era el lugar donde 'trabajaba'; me di cuenta que había un hombre encerrado en el baño que le gritaba con majaderías: '¡Josefina, quien está allá afuera!. Me puse mas nerviosa pero trataba de disimularlo. Seguimos platicando y al final me pidió que regresara la siguiente semana.

Una semana después eran varias muchachas reunidas. Estaba contenta. El grupo fue aumentando. La dueña del hotel nos prestó un pequeño cuartito para nuestras reuniones semanales, donde se les impartían clases de primaria, primeros auxilios, catecismo y estudio de la Biblia.

Junto con la Madre Antonia comenzamos a visitar las cantinas para platicar con las muchachas. En una ocasión entramos en uno de esos bares lleno de luces de color rojo, azul, amarillo, naranja, verde, etc. y estaba una muchacha bailando casi desnuda, ella, al advertir que éramos religiosas, paró de bailar, se cubrió con las manos e hizo una reverencia en señal de respeto y verguecenza.

Nuestra 'técnica' era la siguiente: Madre Antonia y yo llegábamos a un bar y preguntábamos por una muchacha 'X', nos respondían que no trabajaba ahí, pero aprovechábamos para iniciar una conversación con algunas de ellas. Hicimos amistad con varias. La falta de amor es patente: en otra ocasión al estar tomando una taza de té en un pequeño puesto de comida; fuimos rodeadas por las chicas en cuestión de minutos.

Una de las razones por la cual ellas se nos acercaban era porque nadie les había ofrecido amistad y respeto; platicábamos con ellas y nos contaban su vida, las tomábamos de las manos y orábamos juntas.

Durante el tiempo que estuve en Tijuana, asistí a tres funerales de éstas muchachas. Una murió de sobredosis de droga a los 22 años, otra se suicidó dándose un balazo en la cabeza y la tercera no recuerdo".

La Hermana Isabel Salazar, otra religiosa de Casa Eudes, nos indica que las principales razones por las cuales las muchachas se inician en la prostitución son por problemas económicos, ignorancia y falta de amor propio.

"Pueden llegar a ganar en un día lo que ganan en una quincena trabajando en una fábrica ó maquiladora. Las muchachas que tienen 'padrote', son vigiladas constantemente, las inducen al consumo de drogas (cristal) y alcohol, y con frecuencia son maltratadas y golpeadas", comenta la hermana Isabel.

Las edades promedio de éstas mujeres son entre los 15 y los 26 años. Son tres las etapas que se requieren para rescatar y rehabilitar a éstas muchachas:

1o. Acogida: Llevada a cabo en la casa ubicada en la calle Baja California # 1526; es una casa de bienvenida donde se les invita a las mujeres a una orientación, un apoyo moral y espiritual.

2o. Rehabilitación: Desintoxicación, superación, hospital moral. Proyectar cambios en su vida, cómo educar a sus hijos, así como concientizarlas de su responsabilidad como madres.

3o. Preparación Técnica: Trabajo digno. Abrir pequeñas empresas para generar fuentes de trabajo, y así ayudarlas para que puedan dar educación a sus hijos.

En la actualidad, Casa Eudes "Una Luz de Esperanza", renta una pequeña casa donde hospedan a dos mujeres en proceso de rehabilitación junto con sus hijos.

"Quisiera hospedar a más, pero no tenemos lugar para ellas", comenta la hermana Dorie Valin, actualmente encargada del proyecto de Casa Eudes "Una Luz de Esperanza". "Hace poco una mujer desesperadamente me insistía que le otorgara hospedaje a ella y a sus hijos por temor al 'padrote', pero fue necesario negárselo por falta de espacio y fondos. Desafortunadamente sólo hemos podido avanzar hasta la primera fase por falta de terreno, casa y fondos.

Es frustrante no poder avanzar en las fases del proyecto ó rechazar la estancia a alguna de éstas muchachas que vienen con sus hijos, por falta de lugar en nuestra pequeña casa.

Los sábados organizamos lo que llamamos 'Sábados Alegres', donde asisten aproximadamente 35 niños cuyas madres están involucradas en la prostitución. En éstas reuniones se les brinda un modesto desayuno, actividades manuales, terapia psicológica, y juegos varios; pasan un rato agradable. El tercer viernes de cada mes organizamos una Misa para las mujeres donde asisten aproximadamente entre 70 y 80 muchachas".

En Casa Eudes "Una Luz de Esperanza" se está pasando por una situación económica crítica, si alguna persona desea ponerse en contacto ó enviar un donativo favor de comunicarse con la Hermana Dorie a: Una Luz de Esperanza, Calle Baja California 1526, Zona Norte, Tijuana, BCN, México; teléfono y fax (66) 85-09-94; ó en E.E.U.U. a 3219 Canon St., San Diego, CA 92106, Atención Hermana Dorie Valin, teléfono (619) 225-1854.